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13/12/10

Cuando el agua salada atraviesa tabiques

A través de mi techo, de su suelo, puedo oir en contadas ocasiones a mis vecinos del piso de arriba, a los que jamás he visto. Mi casa, casi invariablemente llena de silencio, es testigo de una relación mínima en la que lo único que se oye, a parte de las voces que salen de una televisión permanentemente encendida, es alguna frase llena de desprecio que se dirigen el uno al otro.

Hace unos días, agua de origen desconocido se filtró desde mi casa al piso inferior, donde vive otra pareja mayor. Cada vez que bajo a su casa despierto a la mujer o alguien me dice que está durmiendo en la habitación por donde baja el agua. Cuando es ella quien me atiende, me recibe ataviada con una bata, con la puerta semiabierta, invariablemente desconfiada, recelosa. Ni tan solo es ya capaz de disimular su permanente estado de ánimo.

A pesar de que ayer vinieron unos técnicos, todavía se desconoce el origen de la fuga -que resultó ser de agua salada-. Yo todavía no he confesado, a pesar de que sé que la mujer de la bata empieza a sospechar algo, pues me he dado cuenta que su oido es aun más fino que el mío o los muros que nos separan aun más delgados que los que me separan de los vecinos de arriba.

El ladrón de guante blanco

Un día ella perdió aquello por lo que él la quería. Paradójicamente algo que solamente él, a pesar de carecer de este atributo hasta que la conoció, era capaz de proporcionarle: la alegría.

Él jamás se lo perdono.

Ella nunca pudo recuperarla.

Quizás no se trato de una pérdida, sino de un hurto.

7/12/10

Diálogos entre el hemisferio derecho y el izquierdo de un esquizofrénico

H.I: NO
H.D: SÍ


H.D: siento pena
H.I: transfórmala en rabia, nunca suele fallar
H.D: lo he intentado, pero la pena se acaba escapando por cualquier rendija, por diminuta que sea


H.I: seamos prácticos de una vez por todas
H.D: ojalá pudiera serlo


H.I: escribe en un cuaderno las razones para decir NO, sabes que hay decenas
H.D: lo sé, pero son tan relativas que todo lo que escribo lo acabo tachando


H.I: concéntrate en otra cosa
H.D: todo, absolutamente todo en lo que me concentro me recuerda de una forma u otra lo que debo olvidar


H.I: no hay que darle más vueltas, ya te han dicho mil veces que NO
H.D: quizás mientan

H.I: ¿te han dicho alguna vez que eres idiota?
H.D: si no lo fuera no sería quien soy, sería tú

2/12/10

Sobre los perros como excusa


- ¿Has perdido a tu perro?
- No, no tengo perro ¿por qué lo dices?
- Como estás sola…
- Sólo paseo por la playa
- ¿Sola?
- Sí, me gusta pasear
- ¿Y no te aburres?
- No, me ayuda a pensar. ¿Y a ti? ¿No te aburre tener que salir cada día a las mismas horas por los mismos lugares, obligada por las necesidades de tu perro? ¿no te aburre cada vez tener que recoger sus excrementos con la bolsita?
- No lo sé, supongo que no. A mí también me gusta pasear, pero así al menos no parece que lo hago sola.

28/11/10

La pareja perfecta

Eran tan perfectos como pareja, tan absolutamente intachables, tan tremendamente civilizados, que por eso a nadie le sorprendió en absoluto que se divorciasen de aquella forma tan perfecta, tan absolutamente intachable, tan tremendamente civilizada, tras una reunión que convocaron para comunicarle su decisión a su refinado y culto grupo de amistades, en la que no hubo una sola señal de rencor, ni tan solo una leve muestra de dolor o de miedo a afrontar sus nuevas vidas por separado.
Lo que sí dejó más de una boca abierta fue el largo informe de la policía cuando, tras encontrarlos muertos en un descampado a varios cientos de kilómetros de la ciudad donde residían, supieron de las denuncias por extorsión, amenazas, coacción y lesiones físicas y psíquicas que se habían hecho el uno al otro desde aquel ya lejano y casi olvidado día en que comunicaron la decisión de romper a su aparentemente civilizado círculo de amistades.

19/11/10

Sobre diques rotos

Desde que la abandonó lloraba. Lloraba constantemente, sin descanso. Lloraba cuando estaba sola, cuando estaba con gente; lloraba en la cola del super, cuando viajaba en el metro; lloraba en el trabajo, en el cine… incluso en sueños lloraba, soñaba que lloraba y se despertaba con la almohada empapada. Lloraba de una forma constante, pausada, silenciosa. Sólo hacía algunas excepciones. Cuando veía, olía u oía algo que le recordaba a él: una imagen de las ruedas de un coche hundidas en la arena, una canción que sonaba cada día en el autobús que la llevaba al casa, una bicicleta roja, un suelo de madera, una vieja camiseta comida por las polillas en el fondo del armario… entonces su llanto se volvía amargo y ruidoso. Se moría de vergüenza, pero no lo podía evitar. Su llanto parecía no tener fin, su lagrimal parecía un depósito que se renovaba cada día.

Un día, mientras lloraba -esto quizás esté de más decirlo- y pensaba en cómo acabar con esta incómoda situación, recordó algo que había escuchado a un fotógrafo hacía un tiempo: el número de malas fotos que haremos a lo largo de nuestra vida vienen determinadas en nuestros genes, por eso hay que hacerlas cuanto antes. Pensó que esa misma teoría quizás sirviese para las lágrimas: tenemos un número determinado de litros de lágrimas que hemos de derramar a lo largo de nuestra vida. Ella hasta ahora nunca las había necesitado: fue un bebé tranquilo -tanto que su madre llegó a pensar en llevarla al médico porque solo comía y dormía, jamás lloraba, como los demás bebés-, su infancia había sido completamente feliz, su adolescencia sin traumas, en su madurez –hasta ese momento- todo había ido rodado…. Nunca había tenido un motivo para derramar una sola lágrima. Por eso, creía, el dique que albergaba todos aquellos litros de agua salada acumulados durante años se acabó rompiendo y no había forma de repararlo.

Sólo era cuestión de esperar a que se agotase el depósito. Eso era todo lo que tenía que hacer, esperar.

18/11/10

Sobre iniciativas empresariales

Erase una vez un joven e intrépido emprendedor que buscaba una idea perfecta para comenzar su negocio (en realidad no era ni tan joven ni tan intrépido, esto último sólo fue producto del desempleo -para que luego digan que de las crisis no sale nada bueno- e incentivado por una jugosa subvención regional), cuando ya deprimido por la falta de ideas, acodado en la barra de un bar, le preguntó al parroquiano que tenía justo a su izquierda, en un estado etílico tan avanzado como el suyo, pero al parecer mucho más lúcido: -oye tú, dime un negocio que siempre tenga clientes-, -joder, pareces tonto –le respondió el otro borracho- pues una funeraria, eso nunca falla-. Brindaron juntos por la gran idea. “Te haré socio de mi funeraria” mintió el no tan joven ni intrépido futuro empresario.
Al día siguiente, cuando se despertó, con una fuerte resaca, recordó el no tan intrépido emprendedor la conversación con el otro borracho, sin embargo su elevado orgullo le hizo tachar al otro personaje de su memoria, para así convencerse de que por una vez en su vida había tenido una idea brillante.
-Montaré una funeraria en un lugar donde no tenga competencia- pensó en voz alta, todavía recostado sobre la cama y echando hasta el último gramo de lo que quedaba en su sufrido estómago en una palangana muy a propósito colocada por su madre sobre la mesita de noche. Y así hizo tras aplicar todos los trucos de marketing, fiscalidad y planificación económico-financiera que le enseñaron en un provechoso curso intensivo de iniciativas empresariales del ámbito de la creatividad (el por qué le incluyeron en ese grupo fue algo que nunca llegó a entender).
El sitio era tan perfecto que no daba crédito a que a nadie se le hubiera ocurrido antes la idea. -Sí, a uno se le ocurrió antes que a ti, hace ya unos años- le dijo una desalmada viejecita desdentada su primer día de trabajo -lo que ocurrió fue que sólo por llevarle la contraria a ese estirado de corbata, todos los del pueblo, que somos todos viejos, más viejos de lo que te podrías imaginar, decidimos no morirnos. Y no morimos. Y el estirado de corbata se arruinó. Así que mucho me temo que a ti te va a ocurrir lo mismo-. -Mi plan es perfecto- le contestó el ya no tan joven pero ahora muy intrépido emprendedor- me he formado en un curso intensivo y me han asesorado los mejores abogados y economistas de la región, me haré rico en sólo un año-. -¿No me digas? Ay, parece que me estoy empezando a sentir un poco mal, marcho pa casa, que estoy como mareada-.
Al día siguiente, nuestro no tan joven pero cada vez más intrépido emprendedor tuvo su primera facturación. Pero como era de esperar, le valió la mirada desconfiada de los habitantes del pueblo, todos sabían que él había sido la última persona con la que había hablado la viejecita desdentada.
La aprensión se fue apoderando del pueblo, y aumentaba aún más cuando sus habitantes pasaban por delante del recién inaugurado local. Y con la aprensión, llegó, lenta pero tenaz, la muerte de cada uno de sus habitantes.
Nuestro no tan joven emprendedor consiguió numerosos premios: a la mejor empresa del año, al empresario joven de la comarca (no olvidemos que este adjetivo cada vez abarca a un rango más amplio de edad), a la mejor iniciativa empresarial de la región, a la empresa más rentable… recibió al mismísimo príncipe en su funeraria, quien le otorgó la medalla al empresario que más había contribuído al desarrollo económico regional (piensen en la cantidad de pensiones que se estaba ahorrando el estado gracias a nuestro no tan querido protagonista). A tal ritmo, era previsible lo que acabó ocurriendo: en menos de un año se quedó sin clientes potenciales (algo que no había previsto el verdadero creador de la idea), pero había conseguido su objetivo, por fin era rico.

Sobre la vida y sus imitaciones

- El salario o la vida.
- Lo siento, estoy tan cansada que no puedo responderte ahora, he trabajado demasiadas horas hoy. Ya sabes, fin de mes.
Así que el ladrón decidió él mismo, sin lugar a dudas, se llevaría la vida. Sonrió satisfecho por lo fácil que había resultado la operación y se fue por donde había venido, con la vida de la mujer bajo el brazo.
Sin embargo, nada más dar la vuelta a la esquina, cuando se paró a observar con más detenimiento su botín, su cara cambió bruscamente, se dio cuenta de que lo que tenía entre sus manos no se trataba de la joya que antes la mujer lucía orgullosa por todo el barrio, sino una burda baratija de bisutería, una imitación de baja calidad que hasta un ojo inexperto hubiera podido detectar fácilmente.
Se sintió estafado, ahora poseedor, ya no de una, sino de dos vidas que no valían nada.

16/11/10

Injusticias

Mortificarse leyendo los primeros correos, esperar con ansiedad sus noticias, no borrar sus huellas, aferrarse a una imagen que ha dejado de existir… Nunca creyó en los amores no correspondidos, hasta ahora. Son cosas que deberían de ocurrir en la adolescencia, no pasada la treintena, pensaba. No es justo. No es sano. Seguía pensando.

28/10/10

Cuando la realidad supera a la literatura o sobre el cierre de un círculo

Y una vez más, la vida se acercó a susurrarle al oído con sonrisa pícara, para acabar de consolidar su insomnio, que fue precisamente a esa misma hora en la que hoy agotaban los últimos reproches, en la que soplaron  sobre las últimas migas del amor, que fue precisamente a esa misma hora, a esa misma hora de ese mismo día pero nueve años atrás (un año de idénticas cifras, pero diferente orden), cuando descubrían por primera vez la piel del otro, su sabor, aquella noche en la que todo el dolor fue dulce, culpa de unas bocas demasiado hambrientas, esas mismas bocas que definitivamente hoy se quedaron secas de puro cansancio, de pura apatía, de puro desamor.

9/9/10

Sobre profesiones no profesionales

- ¿A qué te dedicas?
- Soy fotógrafa
- Pero… ¿profesional?
- ¿Si te hubiera contestado que era médico o grabadora de datos numéricos me hubieras hecho la misma pregunta?
- Ummmm… no. Claro que no
- Pues es exactamente lo mismo, la precisión sobra. Aunque ahora que lo pienso… una grabadora de datos aficionada debe de ser alguien realmente curioso de conocer.

21/8/10

Cuando el verbo “querer” se vacía de significado

- ¿Me quieres?
- Cuando quieres puedes llegar a ser muy superficial.
- Y tú realmente impertinente.
- No se trata de insolencia ¿Acaso te preguntas tú si quieres a tus manos, a tus piernas, a tus ojos…?
- No, nunca lo hago. ¿Por qué habría de hacerlo?
- Sería estúpido, de locos. A mí me ocurre lo mismo contigo, ya no se trata de amar o no amar, las palabras “te quiero” se han vaciado de significado porque hace tiempo que has dejado de ser algo externo y has comenzado a formar parte de mi.

29/7/10

Sobre las buenas intenciones

Cuando teníamos unos cinco o seis años, mi mejor amiga –Conchi- y yo caímos enamoradas de un diminuto terreno –a nosotras entonces nos parecía inmenso- cerca de nuestras casas. Era un pequeño jardín rodeado por sauces llorones que había detrás de la estación de trenes, donde luchaban por salir de entre las malas hierbas rosas de varios colores.

Nuestro interés por el enigmático lugar se incrementó cuando mi abuela me contó que hacía muchos, muchísimos años, la de Lugones había sido nombrada la estación más bonita de Asturias. No nos lo podíamos creer, esa casita pintada de un amarillo ya descolorido, llena de desconchones y grafitis a la que casi nadie osaba a entrar, había sido la estación más bonita de toda la región. Tomamos una determinación: empezaríamos por lo que estaba en nuestras manos, el jardín. Cada una se armaría de unas tijeras y segaríamos todo el prado hasta que volviera a parecerse a lo que alguna vez fue.

Obviamente la desesperación nos invadió tras una fatigosa e infructuosa tarde de trabajo con nuestras tijeritas escolares y la estación y su jardín no hicieron más que deteriorarse año tras año hasta que la tiraron abajo y construyeron un moderno y anodino edificio para sustituirla y sepultaron el jardín bajo una gruesa capa de asfalto.

2/6/10

Los pájaros de V

No hay nada que V deteste más que los despertadores. Por eso, hace algún tiempo, decidió sustituirlos por una bandada de pájaros que cada mañana a las 6.40 le sacan a empujones del cálido mundo de sus sueños.

Hoy le he visto espantar sus repetitivos y metálicos cánticos con las manos, como si se tratara de moscas demasiado insistentes.

20/5/10

Mi abuelo

Mi abuelo era un cascarrabias adorable, también un adicto a los trenes, como una de sus nietas. Durante muchos años mi abuela y él vivieron en ciudades diferentes de Asturias, él en la pequeña localidad donde trabajaba como secretario del juzgado y ella en la capital.

Un día, los propietarios del piso en el que vivía decidieron venderlo y muy a su pesar se mudó a Oviedo con mi abuela. Algunos años después, cuando se jubiló y se vio obligado a pasar más tiempo del deseado en aquella casa, sus viajes en tren empezaron a ser cada vez más ambiciosos y de mayor kilometraje. Muchas veces aparecía -generalmente sin previo aviso- en Burgos y pasaba temporadas en casa de alguno de sus hermanos, en Gijón o en Madrid en casa de mis tías, o en Lugones, en nuestra casa… Tras unos años de vida errante enfermó y sus hijos decidieron que ya era hora de que se estabilizara y de que mi abuela se hiciera cargo de él. Aceptaron a regañadientes pero pasaron el resto de la vida de mi abuelo bajo el mismo techo, dedicándose las palabras justas a las que les obligaba la convivencia. Durante esta época, en las épocas en las que se encontraba mejor, se iba a la estación de RENFE y se podía pasar horas enteras sentado en un banco viendo ir y venir a los viajeros. Esto parecía resultarle suficiente.

Hoy me he despertado pensando en él y no he logrado sacármelo de la cabeza en todo el día, a pesar de que la última vez que se le vio por la Estación del Norte debió de ser hace ya más de quince años.

9/2/10

Punto y final

A medida que el amor se fue apagando, sus mensajes iban siendo progresivamente más y más cortos. Un día él recibió su último mail. Sólo contenía un punto y final. Nada más verlo supo que no se trababa de un error, tuvo claro que todo se había acabado para siempre.

1/2/10

La ciudad de cartón

La ciudad de cartón es un lugar que no se puede señalar en ningún mapa, o más bien que se podría situar en cualquier parte. Podríamos dar vueltas y más vueltas a un globo terráqueo, colocar nuestro dedo en diversos puntos al azar y siempre acertaríamos, ya fuera sobre el mar o sobre la tierra.
La ciudad de cartón es ficticia y a la vez real. Es una ciudad que reside dentro de todas y cada una de las ciudades que alguna vez hemos visto.
En La ciudad de cartón el tiempo no existe. En algún momento impreciso se paró en un lugar indeterminado situado aproximadamente entre el pasado y el futuro, pero que a su vez en poco se asemeja al presente.
El espacio que ocupa La ciudad de cartón también es ambiguo. Nadie sabría decir si es grande o pequeña, si tiene millones de habitantes o sólo unos pocos cientos. Sus gobernantes se niegan a ofrecer estadísticas oficiales sin dar ningún tipo de explicación y todo el mundo lo acepta sin protestar. Ni tan solo existe un censo oficial porque ni siquiera sus propios habitantes son conscientes de que viven en ella.
En La ciudad de cartón los perros y los hombres se tratan de igual a igual porque son sus únicos habitantes.
En La ciudad de cartón no hay clases privilegiadas, nadie sabe lo que son los beneficios sociales, ni lo que significa la palabra prestigio. En La ciudad de cartón no hay ni ricos ni pobres, ni felices ni infelices. En La ciudad de cartón todos, sin ninguna excepción, sus habitantes son iguales.
En La ciudad de cartón ni los perros ladran ni los hombres hablan. Ninguno puede hacerlo porque todos y cada uno de sus habitantes persigue un objetivo que requiere su total concentración, un objetivo que es misterioso para todos los demás, un objetivo inconfesable y oscuro.

24/1/10

Lenguaje corporal

Ni él hablaba el idioma de ella, ni ella el idioma de él. Sin embargo se amaban, se amaban locamente, como nunca antes les había ocurrido con ninguna otra persona. Sobraban las palabras, con los gestos, las miradas y las caricias ya tenían bastante.
Pero ocurrió lo inevitable. Después de varios años viviendo en el país de ella, él aprendió el idioma, y cuanto más progresaba, más cuenta se daba ella de que él era simplemente un estúpido ignorante y más cuenta se daba él de que ella era una arrogante y engreída sabelotodo.
El mismo día en que él consiguió el certificado de suficiencia de conocimiento del idioma, y por mutuo acuerdo, se dijeron adiós para siempre.

12/5/09

Sobre ganadores y perdedores

Él era tan predecible que ni siquiera pudo darse el gusto de comunicarle que la abandonaba. Ella se le adelantó y, a pesar de no estar del todo convencida, pareció a ojos de todos la ganadora de la batalla.

24/3/09

Miopía

Cuando se despertaba por las mañanas y no podía distinguir mucho más que vagas sombras, objetos poco definidos en el espacio… todo le parecía estar sumido bajo una nebulosa mágica y romántica. Volvía a sentirse como hace tantos años, presa de un amor y un deseo sexual incontrolables.
Pero el momento de levantarse tarde o temprano llegaba. Era entonces cuando se ponía esas horribles gafas gruesas y aparecía, una vez más, esa gris y definida vida, ese aburrido y nítido marido, ante sus ojos.