23/3/09

La penúltima nevada



Desde hace algún tiempo espero con anhelo algún cambio externo. Una especie de superstición me ha invadido y me digo constantemente: cuando empiece el año nuevo todo va a cambiar, después de este viaje todo va a cambiar, cuando acabe el invierno (y parece que nunca acaba) todo va a cambiar… Pero nada cambia, todo sigue igual. Sigo esperando.

10/3/09

Estilo propio

“Desarrolla tu propio estilo”. Parece fácil. Pero pensándolo bien, no sabría ni por dónde empezar. Me parece una empresa tan complicada como intentar llevar a cabo el “Sé tú mismo”.

Quizás sólo se trate de ir probando hasta que un día, casualmente, encuentre algo que a la vez me satisfaga y funcione, o quizás sólo lo último, depende de la urgencia. De momento, experimentar me parece más enriquecedor que quedarse varado en un “estilo propio”.

Pero puede que esto sólo sea una excusa más que no haga sino reafirmarme en mi inseguridad.

9/3/09

Garrapatas

Dicen que nuestra memoria es selectiva, para bien, que tendemos a borrar de nuestra memoria los malos recuerdos y nos quedamos solamente con los gratos. A mi cerebro, sin embargo, parece que solamente se aferran, como garrapatas, los malos.

Hace unos días leí que estaban investigando con una medicina que eliminaba los malos recuerdos del cerebro para que los pacientes superaran traumas. Si me sometiese a este tratamiento probablemente me quedaría amnésica.

8/3/09

Crecer

Últimamente todo el mundo parece estar empeñado en recordarme que ya voy teniendo una edad. Mis amigas empiezan a utilizar cremas anti-arrugas, a casarse, a tener hijos, mis amigos a hacer deporte y a dejar el tabaco, mi padre me habla de que empiece a pensar en un trabajo estable, en mi jubilación (que no queda tanto, sólo 34 años!!!), hasta los habitantes de Cicely me atormentaron hace poco cuando Maggie O’Connell cumplió los treinta… Quizás estoy en una burbuja, quizás soy una inconsciente, pero, a pesar de todas estas advertencias, no puedo dejar de pensar que si la madurez es esto, bienvenida sea, que regalo mis 15, mis 20 y mis 25 a quien los quiera.

24/1/09

Niebla



Después de mucho hablarlo decidieron comprarse una casa, buscaron y buscaron y finalmente dieron con ella. Era perfecta, la casa de sus sueños. Nada más verla se dieron cuenta, allí sería donde todos sus sueños se convertirían en realidad, la casa que los vería envejecer a ellos, crecer a sus hijos… sería el principal testigo del amor que se profesaban el uno al otro.
El mismo verano que la compraron, ya casi en septiembre, cuando estaban acabando de pintar la cocina y dejando listos los últimos retoques, de repente, se coló una espesa niebla por la ventana abierta, una niebla que poco a poco fue invadiendo todo. Pasaron los días y la niebla seguía allí instalada, como si ella también hubiera encontrado su morada perfecta.
Al principió les resultaba un incordio, tenían que gritarse constantemente porque nunca sabían dónde estaba el otro. Pero finalmente se acostumbraron a la niebla, a la niebla y a no verse. Se dieron por vencidos y dejaron de hablar. Incluso, de forma progresiva comenzaron a olvidarse el uno del otro.
Un mal día, cuando salía a comprar el pan las vecinas le contaron que su mujer había muerto, que el día anterior había venido la ambulancia a llevársela pero que no llegó siquiera al hospital.
Volvió a casa desconcertado, trataba de recordar, pero era incapaz, las mujeres debían de confundirle con otro, él siempre había vivido solo en esa casa, ni siquiera estaba casado.

17/1/09

Amor fugaz



Cada vez que la taquillera y el maquinista se miraban toda la estación se impregnaba de un clima de tensión sexual prácticamente irrespirable. Y esto pasaba nada menos que nueve veces al día.

Las paradas del tren eran tan cortas que ni siquiera les daba tiempo a preguntarse sus respectivos nombres. Sin embargo, él lo sabía, ella lo sabía, todos sus compañeros lo sabían, incluso los pasajeros… se amaban ciegamente.

Así pasaron más de quince años, por eso hay que comprender que finalmente ella accediera a las proposiciones de matrimonio del jefe de estación, al fin y al cabo lo que todos más deseamos a una edad es tener cierta estabilidad en nuestra vida.

Poco después de que se celebrase la boda, el maquinista se despidió en su trabajo alegando la imposibilidad de hacer la parada correspondiente en la estación de aquella a la que tanto tiempo y con tanta intensidad había amado.

29/12/08

Noche ártica




Irene, esta noche te soñé. Venías a verme a mi casa, la de mi infancia. Entrábamos en mi habitación, con la cama todavía revuelta de sueños, y tú reparabas en el papel rosa de la pared –ese que tanto me avergonzó tanto tiempo-. Venías a contarme tus últimos planes. Te ibas a hacer una travesía por el Ártico, tú sola. Yo te preguntaba si tenías la ropa adecuada, me contestaste que no. Te ofrecí mis pantalones de forro polar, pero luego recordé que tenía los dos pares sucios y la lavadora rota.


Extraño sueño, o no tanto, para inaugurar la primavera que discreta asoma por Dupnitsa.


Lo siento Irenita, tendrás que retrasar tu viaje unos días hasta que venga la casera a arreglar la lavadora.


Noches árticas - Nacho Vegas

22/12/08

Ángel


Nada más verle no pudo hacer otra cosa que decirle – Eres mi ángel, por fin te he encontrado –

Cuando el efecto de la cocaína se esfumó, se vistió lentamente, salió de la casa y, cuando la brisa matutina la abofeteó en la cara, una vez más, recordó que era atea.

16/7/08

... y la vida continuó como si tal cosa

Hacía mucho tiempo que soñaban con esas vacaciones: una isla solitaria, ellos dos solos y una tienda de campaña.

Sólo fueron cinco días pero resultaron eternos.

Ella pensó en empujarle por los acantilados. Él pensó en suicidarse allí mismo para que ella se sintiera culpable.

Pero ninguno de los dos llevó a cabo sus planes. Así que regresaron y la vida continuó como si tal cosa. Acabaron sus estudios, comenzaron a trabajar, se casaron, tuvieron dos hijos, se compraron un monovolumen y continuaron odiándose hasta el último día de sus miserables vidas.

En el lago


¿Cuándo se acabarán estas malditas vacaciones? Se repite Martina una y otra vez mientras mira sus pies a través del agua verde del lago.


Uno, dos, tres, cuatro… cuenta sus pasos mientras sus pies se deslizan sobre la tierra viscosa del fondo. Uno, dos, tres, cuatro… cuenta, volviendo hacia la orilla, para intenta matar el aburrimiento mortal que la asola desde hace ya demasiadas semanas y que hoy aún se hace más angustioso con este plomizo cielo sobre su cabeza.


Sus padres, sentados en una tumbona, dejan correr la tarde, como tantas otras… a orillas del lago verde. Miran a Martina sin verla, sus ojos están ya huecos de tedio.


Uno, dos, tres, cuatro… el agua le llega a las rodillas, el fango le acaricia las plantas de los pies. Uno, dos, tres, cuatro…

Encuentro en el lago


10/7/08

Justicia humana


Lo más justo le pareció estrangularle ahí mismo, en el mismo altar donde le había jurado fidelidad eterna, con la misma corbata que llevaba aquel día.

Lo más engorroso de todo fue intentar hacerle entender al cura que les casó su teoría sobre la justicia humana, después de que éste presenciara toda la desagradable escena. Así que no le quedó más remedio que repetir la operación con él. El cura era definitivamente corto de entendederas.

Amor ciego