16/1/11
Sobre segundas partes
Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas, pero tenía que intentarlo: Sin apenas luz
13/12/10
Cuando el agua salada atraviesa tabiques
A través de mi techo, de su suelo, puedo oir en contadas ocasiones a mis vecinos del piso de arriba, a los que jamás he visto. Mi casa, casi invariablemente llena de silencio, es testigo de una relación mínima en la que lo único que se oye, a parte de las voces que salen de una televisión permanentemente encendida, es alguna frase llena de desprecio que se dirigen el uno al otro.
Hace unos días, agua de origen desconocido se filtró desde mi casa al piso inferior, donde vive otra pareja mayor. Cada vez que bajo a su casa despierto a la mujer o alguien me dice que está durmiendo en la habitación por donde baja el agua. Cuando es ella quien me atiende, me recibe ataviada con una bata, con la puerta semiabierta, invariablemente desconfiada, recelosa. Ni tan solo es ya capaz de disimular su permanente estado de ánimo.
A pesar de que ayer vinieron unos técnicos, todavía se desconoce el origen de la fuga -que resultó ser de agua salada-. Yo todavía no he confesado, a pesar de que sé que la mujer de la bata empieza a sospechar algo, pues me he dado cuenta que su oido es aun más fino que el mío o los muros que nos separan aun más delgados que los que me separan de los vecinos de arriba.
El ladrón de guante blanco
Un día ella perdió aquello por lo que él la quería. Paradójicamente algo que solamente él, a pesar de carecer de este atributo hasta que la conoció, era capaz de proporcionarle: la alegría.
Él jamás se lo perdono.
Ella nunca pudo recuperarla.
¿Y por qué sí?
Qué diferente sería el mundo si nos preguntáramos más a menudo “¿por qué sí?” en vez de “¿por qué no?”
10/12/10
Sobre los recuerdos que son como garrapatas
Los recuerdos son como garrapatas obcecadas con quedarse pegadas a nuestro cerebros, cada aguijonazo se nos revela como una instantánea, de pronto, mientras nos lavamos los dientes, mientras hervimos agua o bajamos las escaleras, aparece ante nosotros la nítida imagen de un lugar en el que estuvimos hace tiempo, pero que por sí solo realmente fue intranscedente en nuestra vida. Aparece y nos deja preguntándonos por qué justamente en este momento, por qué ese lugar, si no significó nada para nosotros. ¿Realmente no significó nada? Es entonces cuando la vida comienza a parecerse a una vigilia en la que intermitentemente vamos recordando los sueños de la noche anterior. Cuando nuestro pasado nos parece un sueño, nosotros los protagonistas de una vida que no es la nuestra y a la vez nos comienza a parecer tan lejano aquel que fuimos. Cuando cada día nos despertamos sin saber dónde estamos, a pesar de tratarse de la misma cama donde hace demasiado tiempo que nos despertamos cada mañana.
La memoria es cruel y vengativa, cuanto más queremos deshacernos de ella, con más saña y más insistencia nos morderán sus garrapatas, hasta teñir todo nuestro presente de un tono incoloro, hasta colocarnos en un punto muerto: retroceder es totalmente imposible, pero a la vez tenemos bloqueada la puerta de salida.
9/12/10
"A mi me daba decididamente igual a dónde ir y a quién enseñar. Debía desaparecer. En aquel entonces todavía no me había dado cuenta de que el hombre está privado de esa posibilidad: vaya donde vaya, el peso principal de su vida irá tras él"
"Entonces yo conocía una sola manera de liberarme de las circunstancias tristes de la existencia: huir. Había que abandonarlo todo. Mandarlo todo al diablo. Comenzar de cero. Me parecía que, en circunstancias nuevas, yo mismo me volvería distinto"
Izrail Metter. La quinta esquina
"Entonces yo conocía una sola manera de liberarme de las circunstancias tristes de la existencia: huir. Había que abandonarlo todo. Mandarlo todo al diablo. Comenzar de cero. Me parecía que, en circunstancias nuevas, yo mismo me volvería distinto"
Izrail Metter. La quinta esquina
7/12/10
Diálogos entre el hemisferio derecho y el izquierdo de un esquizofrénico
H.I: NO
H.D: SÍ
H.D: siento pena
H.I: transfórmala en rabia, nunca suele fallar
H.D: lo he intentado, pero la pena se acaba escapando por cualquier rendija, por diminuta que sea
H.I: seamos prácticos de una vez por todas
H.D: ojalá pudiera serlo
H.I: escribe en un cuaderno las razones para decir NO, sabes que hay decenas
H.D: lo sé, pero son tan relativas que todo lo que escribo lo acabo tachando
H.I: concéntrate en otra cosa
H.D: todo, absolutamente todo en lo que me concentro me recuerda de una forma u otra lo que debo olvidar
H.I: no hay que darle más vueltas, ya te han dicho mil veces que NO
H.D: quizás mientan
H.I: ¿te han dicho alguna vez que eres idiota?
H.D: si no lo fuera no sería quien soy, sería tú
H.D: SÍ
H.D: siento pena
H.I: transfórmala en rabia, nunca suele fallar
H.D: lo he intentado, pero la pena se acaba escapando por cualquier rendija, por diminuta que sea
H.I: seamos prácticos de una vez por todas
H.D: ojalá pudiera serlo
H.I: escribe en un cuaderno las razones para decir NO, sabes que hay decenas
H.D: lo sé, pero son tan relativas que todo lo que escribo lo acabo tachando
H.I: concéntrate en otra cosa
H.D: todo, absolutamente todo en lo que me concentro me recuerda de una forma u otra lo que debo olvidar
H.I: no hay que darle más vueltas, ya te han dicho mil veces que NO
H.D: quizás mientan
H.I: ¿te han dicho alguna vez que eres idiota?
H.D: si no lo fuera no sería quien soy, sería tú
3/12/10
"Salgo de casa. El día está encogido de infelicidad, sus bordes están tan doblados que prácticamente desde por la mañana, desde la madrugada, ya es de noche. [… ] Hoy el cielo se va a romper, va a caer una lluvia de balas, de piedras, de peces muertos y pájaros, hoy el cielo se va a romper."
Dorota Masłowska. Blanco nieve, rojo Rusia
2/12/10
Sobre los perros como excusa
- ¿Has perdido a tu perro?
- No, no tengo perro ¿por qué lo dices?
- Como estás sola…
- Sólo paseo por la playa
- ¿Sola?
- Sí, me gusta pasear
- ¿Y no te aburres?
- No, me ayuda a pensar. ¿Y a ti? ¿No te aburre tener que salir cada día a las mismas horas por los mismos lugares, obligada por las necesidades de tu perro? ¿no te aburre cada vez tener que recoger sus excrementos con la bolsita?
- No lo sé, supongo que no. A mí también me gusta pasear, pero así al menos no parece que lo hago sola.
28/11/10
La pareja perfecta
Eran tan perfectos como pareja, tan absolutamente intachables, tan tremendamente civilizados, que por eso a nadie le sorprendió en absoluto que se divorciasen de aquella forma tan perfecta, tan absolutamente intachable, tan tremendamente civilizada, tras una reunión que convocaron para comunicarle su decisión a su refinado y culto grupo de amistades, en la que no hubo una sola señal de rencor, ni tan solo una leve muestra de dolor o de miedo a afrontar sus nuevas vidas por separado.
Lo que sí dejó más de una boca abierta fue el largo informe de la policía cuando, tras encontrarlos muertos en un descampado a varios cientos de kilómetros de la ciudad donde residían, supieron de las denuncias por extorsión, amenazas, coacción y lesiones físicas y psíquicas que se habían hecho el uno al otro desde aquel ya lejano y casi olvidado día en que comunicaron la decisión de romper a su aparentemente civilizado círculo de amistades.
Lo que sí dejó más de una boca abierta fue el largo informe de la policía cuando, tras encontrarlos muertos en un descampado a varios cientos de kilómetros de la ciudad donde residían, supieron de las denuncias por extorsión, amenazas, coacción y lesiones físicas y psíquicas que se habían hecho el uno al otro desde aquel ya lejano y casi olvidado día en que comunicaron la decisión de romper a su aparentemente civilizado círculo de amistades.
27/11/10
"La tragedia de su vida, pensaba, había nacido casi por azar. El caótico encadenamiento de los minúsculos hechos de lo cotidiano, de las coincidencias aparentemente benignas, de los encabalgamientos de fechas que, al principio, no anunciaban nada irremediable. La discreta mecánica que pone en movimiento todos los auténticos dramas de nuestras vidas"
Andrey Makine. La mujer que esperaba.
Andrey Makine. La mujer que esperaba.
26/11/10
25/11/10
Sobre apuestas
Llega un momento en que continuar apostando por uno mismo comienza a ser una apuesta demasiado arriesgada. Saber dónde está el límite es tan crucial como difícil de determinar.
23/11/10
Perdón

"Perdón por la gente moderna, porque corro el peligro de mirarla y perder la razón"
Nacho Vegas. "En la sed mortal"
20/11/10
19/11/10
Sobre diques rotos
Desde que la abandonó lloraba. Lloraba constantemente, sin descanso. Lloraba cuando estaba sola, cuando estaba con gente; lloraba en la cola del super, cuando viajaba en el metro; lloraba en el trabajo, en el cine… incluso en sueños lloraba, soñaba que lloraba y se despertaba con la almohada empapada. Lloraba de una forma constante, pausada, silenciosa. Sólo hacía algunas excepciones. Cuando veía, olía u oía algo que le recordaba a él: una imagen de las ruedas de un coche hundidas en la arena, una canción que sonaba cada día en el autobús que la llevaba al casa, una bicicleta roja, un suelo de madera, una vieja camiseta comida por las polillas en el fondo del armario… entonces su llanto se volvía amargo y ruidoso. Se moría de vergüenza, pero no lo podía evitar. Su llanto parecía no tener fin, su lagrimal parecía un depósito que se renovaba cada día.
Un día, mientras lloraba -esto quizás esté de más decirlo- y pensaba en cómo acabar con esta incómoda situación, recordó algo que había escuchado a un fotógrafo hacía un tiempo: el número de malas fotos que haremos a lo largo de nuestra vida vienen determinadas en nuestros genes, por eso hay que hacerlas cuanto antes. Pensó que esa misma teoría quizás sirviese para las lágrimas: tenemos un número determinado de litros de lágrimas que hemos de derramar a lo largo de nuestra vida. Ella hasta ahora nunca las había necesitado: fue un bebé tranquilo -tanto que su madre llegó a pensar en llevarla al médico porque solo comía y dormía, jamás lloraba, como los demás bebés-, su infancia había sido completamente feliz, su adolescencia sin traumas, en su madurez –hasta ese momento- todo había ido rodado…. Nunca había tenido un motivo para derramar una sola lágrima. Por eso, creía, el dique que albergaba todos aquellos litros de agua salada acumulados durante años se acabó rompiendo y no había forma de repararlo.
Sólo era cuestión de esperar a que se agotase el depósito. Eso era todo lo que tenía que hacer, esperar.
Un día, mientras lloraba -esto quizás esté de más decirlo- y pensaba en cómo acabar con esta incómoda situación, recordó algo que había escuchado a un fotógrafo hacía un tiempo: el número de malas fotos que haremos a lo largo de nuestra vida vienen determinadas en nuestros genes, por eso hay que hacerlas cuanto antes. Pensó que esa misma teoría quizás sirviese para las lágrimas: tenemos un número determinado de litros de lágrimas que hemos de derramar a lo largo de nuestra vida. Ella hasta ahora nunca las había necesitado: fue un bebé tranquilo -tanto que su madre llegó a pensar en llevarla al médico porque solo comía y dormía, jamás lloraba, como los demás bebés-, su infancia había sido completamente feliz, su adolescencia sin traumas, en su madurez –hasta ese momento- todo había ido rodado…. Nunca había tenido un motivo para derramar una sola lágrima. Por eso, creía, el dique que albergaba todos aquellos litros de agua salada acumulados durante años se acabó rompiendo y no había forma de repararlo.
Sólo era cuestión de esperar a que se agotase el depósito. Eso era todo lo que tenía que hacer, esperar.
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