
Érase una vez un país con un motor, con un gran motor que le hacía energéticamente independiente. Érase una vez un país que tuvo que acceder a apagar su motor con tal de entrar a formar parte de un gran imperio llamado Unión Europea.
Érase una vez una ciudad que quedó abandonada a su suerte desde ese día, no tan lejano. Erase una ciudad llena de óxido y carteles con promesas inútiles firmadas por la mismísima Unión Europea.
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